El ocio magisterial

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Cada nuevo día, todos nos preparamos para hacer cosas nuevas y cosas buenas. Desde que abrimos los ojos, hacemos un recuento rápido de lo que haremos durante el día. Desafortunadamente se nos atraviesan cientos de distractores que al finalizar al ocultarse el sol nos damos cuenta de que no hicimos ni la cuarta parte de lo que nos propusimos al despertar.

Ver correr la sombra que produce el sol y no haber hecho nada mientras éste caminaba, es bien triste. A veces angustiante.

Hay personas que aseguran matar el tiempo mientras, realmente, él las matas. Hace muchos años, mi abuelo me contó una historia. Me dijo que había un hombre que acostumbraba salir a caminar por las noches y se paraba en las esquinas más oscuras. Ahí esperaba a algún trasnochado para preguntarle: perdone ¿sabe usted qué horas son? El interrogado respondía, por ejemplo, “como las 12:30 más o menos. El hombre de la noche le decía al que más o menos había calculado la hora: “dichoso el que sabe la hora en que va morir”. De inmediato le perforaba el corazón y lo mandaba al otro mundo. Mi abuelo me aseguraba que en el momento justo en que el trasnochado estaba muriendo, se le agolpaban todas las cosas que tenía pendientes por hacer y se arrepentía del tiempo que había desperdiciado.

Yo creo que los hombres que prosperan, son personas que conocen el valor del tiempo. En cualquier parte del mundo, cuando se contrata a una persona, se le recuerda a cada momento que ahí tiene que trabajar porque no se le contrató para perder el tiempo. Si no hay esas exigencias la empresa no puede crecer.

Hay una frase que dice “El tiempo es oro”. Esto quiere decir que no dejes al tiempo el trabajo que puedes hacer hoy.

Todos los días, el tiempo nos da la oportunidad de realizar nuestros sueños. Hay veces que no es importante medir el tiempo por las manecillas del reloj porque este nos limita y nos ajusta a tiempos burocráticos que nos amararan para no avanzar.

Aunque no lo crean, hay gente que no les importa el tiempo. A lo largo de años y años han desperdiciado tanto el tiempo, que ya perdieron la capacidad de asombrarse cuando pierden el tiempo. Si cercenan el tiempo tan fácilmente que es lo más preciado que tenemos, entonces, ¿a qué cosa le pueden tener valor? Pues a algo que les da oportunidad de seguir perdiendo el tiempo: el dinero.

La Sección 22 es de este grupo y no se conforma con eso nada más, sino que les da un ejemplo gráfico a los niños oaxaqueños de cómo perder el tiempo.

Tal vez sean los únicos humanos del mundo que tienen el poder para perder el tiempo sin perder nada. Además, están contratados por una empresa a la que tampoco le importa producir.

Los de la Sección 22, son como el hombre de la noche, le encajan a cada niño una daga en su corazón. El poder de los maestros los ha hecho pensar que también tienen el poder para arrebatarles el tiempo a los niños.

¿Alguien sabe la cantidad de horas que los maestros les han quitado a los niños de su vida? El tiempo es como el sueño, nunca se puede reponer.

Al no respetar el gobierno ni los maestros de la sección 22 los tiempos de los niños, se les está diciendo que no valen sus vidas ni su tiempo personal para que se preparen para mañana.

¡Qué fácil es matar el tiempo! Tan fácil como matar el mañana de Oaxaca.

Twitter:@horaciocorro
horaciocorro@yahoo.com.mx

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