En opinión: Edgar Tamayo fue desconectado por Horacio Corro

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Por Horacio Corro Espinosa

De Edgar Tamayo, se puede decir, que lo desconectaron de este mundo.

Tamayo, de 46 años de edad, originario de Miacatlán, Morelos, fue condenado a muerte por el asesinato de un policía en 1994. 20 años después. El 22 enero, hace dos días, fue ejecutado mediante una inyección letal en una cárcel de Texas, Estados Unidos.

A pesar de las numerosas protestas de México y varias organizaciones políticas y sociales internacionales, quienes denunciaron la falta de un juicio justo y la discapacidad mental leve que sufría Tamayo, se llevó a cabo la ejecución.

El sentenciado a muerte, escribió una carta donde asegura haber escuchado a Enrique Peña Nieto, cuando aún era candidato a la presidencia de la República, en donde se comprometió a cuidar los intereses de los mexicanos que viven fuera que nuestro país, por lo que escribió: “Bueno, yo soy uno de ellos y necesito que me cumpla esa promesa y me ayude”.

En realidad, la muerte acecha a la puerta de todos los que vivimos en este planeta. Tal vez ésta llegue a los 50, 70 ó 100 años. O a la mejor esta esperándonos a la vuelta de la esquina. No lo sabemos.

En algún momento de nuestra vida hemos pensado en la muerte. Unos lo han hecho con temor, otros con asombro, la mayoría con incertidumbre. Los psiquiatras aseguran que el 75% de todos sus pacientes están obsesionados o terriblemente turbados ante la posibilidad de que la muerte los sorprenda.

En realidad, pocas personas investigan alguna vez lo que es la muerte. Es más, pocos son los que se atreven a hablar de la muerte.

La muerte es cierta, imprescindible, no perdona y estará siempre alrededor nuestro. Es por eso que debemos aprender sobre ella.

He llegado pensar que Edgar Tamayo, si conocía de la muerte. Durante 20 años la  cargó en su espalda. Su actuación fue diferente a muchos que han sido ejecutados, pues la mayoría de ellos, gritan, se desesperan para aferrarse a la vida.

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La vida ha sido definida como lo que hacen las cosas vivientes. En realidad no entendemos la vida. No podemos medirla ni conocerla. No podemos crearla, no podemos ver de dónde viene. Ni tampoco podemos ver a dónde va la vida.

Y a la muerte se le entiende como la ausencia de la vida. Y puesto que no sabemos realmente qué es la vida, entonces tampoco sabemos realmente qué es la muerte, a parte de nuestra simple observación de que las funciones propias de la vida terminan, como son los latidos del corazón, las ondas eléctricas del cerebro, entre otras cosas.

A veces uno se pregunta: ¿cesa, o simplemente se traslada la vida de un lugar a otro como el calor que sale de un horno?

La Biblia, es uno de los pocos libros que nos dice qué pasa después de la muerte. Si Tamayo la leyó antes de morir, tuvo la oportunidad de saber a dónde iba. Supo que se dirigía a un lugar donde no hay dolor ni lágrimas ni tristezas. Donde tendría un cuerpo celestial que le durará por toda la eternidad.

Cuando uno se enfrenta a la muerte, es buena idea pensar en los beneficios del cielo en vez de la pérdida de la familia terrenal o de los amigos. Si la decisión de Edgar Tamayo fue la de elegir el cielo en vez del infierno, el día de su ejecución fue el día más feliz de su vida.

Twitter:@horaciocorro
Facebook: Horacio Corro

horaciocorro@yahoo.com.mx

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