En opinión: Santo de la Resignación, Patrono de Oaxaca por Horacio Corro

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Por Horacio Corro Espinosa

Antier, la ciudad de Oaxaca volvió a vivir otro mega ahorcamiento con los bloqueos.

Estudiantes de la Coordinadora Estudiantil Normalista del Estado de Oaxaca (CENEO), secuestraron unidades de transporte público con los que cerraron avenidas importantes de la capital para presionar al gobierno de Gabino Cué para que cumpla sus demandas de becas, plazas de docentes y equipamiento para 11 planteles.

Desde temprana hora, gran parte de la Ciudad de Oaxaca quedó paralizada.

No había lugar por dónde escapar. Montón de calles de la ciudad fueron canceladas por obra y calzones de tipejos amaestrados por sus maestros de la sección 22.

Los chavos y chavas se aplastaron en calles y más calles con el único fin de impedir el paso vehicular. El amontonamiento de vehículos fue creciendo por toda la ciudad hasta no llevar a nadie a ningún lado. Los manejadores, al perder toda esperanza, comenzaron a apagar sus motores. Conforme pasaba el sol sobre las cabezas de automovilistas y caminantes, la esperanza de salir del nudo se perdía.

A las 9 de la mañana comenzó la recolección de camiones para los bloqueos. Muchos de los manejadores iban o regresaban de la escuela de sus hijos y muchos ya no pudieron llegar a su destino. Después de varias horas de permanecer enjaulados dentro de su auto, había muchos, seguramente, con ganas de hacer del uno, otros que del 2 y en fin… pero nada, nada se movía. La sensación de despojo, de impotencia y de agravio personal fue enorme.

No es poca cosa perder de un modo tan absurdo, tan tonto, nuestro derecho de tránsito, nuestro derecho de ciudad y al final de cuentas, todos salimos perjudicados.

Durante todo ese mega cierre vehicular, todos vimos y escuchamos recordatorios familiares. Y en cuanto a los manejadores, unos a otros se agredían sin entender que todos éramos víctimas de unos tipejos que se les ocurrió cerrar los cruces de las calles más transitadas de la ciudad de la cantera verde.

De un rato a otro la ciudad nos la rompieron estos tipejos. Crearon un abismo intransitable en medio de la ciudad, y los que se veían con los del otro lado del abismo, pensaban exactamente igual que todos los demás que estaban atorados. Todos deseaban que en ese momento, a los bloqueadores, se le muriera su mamá o un familiar para que se largaran a su casa a festejarla y dejaran libre el paso vehicular. Además, pensaban con cariño y respeto en todos y cada uno de los políticos de esta entidad oaxaqueña.

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A pesar de que los oaxaqueños ya estamos acostumbrados, ya estamos curtidos a que nos cierren la entrada de nuestra casa, sabemos que eso no es una manera humana y digna de vivir.

Pienso que si a algún oaxaqueño con visión empresarial se le ocurriera fabricar un santo con el nombre “víctima de la resignación”, ese sería el santo patrón de la ciudad y todo fiel manejador que cree en los inventos humanos, lo traería colgado en su espejo retrovisor.

Alguien más por ahí, inventaría una plegaria al santo “víctima de la resignación”, que dijera algo relacionado con nuestros sufrimientos diarios como: “señor, te entregamos este día de bloqueo nuestra alegría y nuestras ganas de estar con nuestros hijos. También, santo de la resignación, renunciamos al privilegio de estar con los amigos y agradecemos a nuestras autoridades quienes día a día nos fortifican con sus palabras al decirnos que aguantemos y que nos acordemos de la tolerancia”. Y todo oaxaqueño devoto del Santo de la Resignación dirá: Amén.

 

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horaciocorro@yahoo.com.mx

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