En opinión: “Personajes” por Wilfrido Hernández Martínez

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Hay personajes que admira uno y que sirven de referencia personal. En lo particular admiro a Alejandro Magno, Julio Cesar, Marco Antonio, Napoleón Bonaparte, Catalina La Grande, Pedro El Grande, Isabel I y II de Inglaterra, Winston Churchil, Abraham Lincoln, Adolfo Hitler, Benito Juárez García, José Vasconcelos entre otros. A unos por su complejidad política y guerrera, a otros por su transparencia esforzada ante la adversidad, a Hitler por su desafío ante un sistema desgastado e ineficiente, donde como dueño de su tiempo oferto una identidad que para bien o mal se conoce como pueblo alemán. A Hitler no se le puede negar los avances en la aviación, el desarrollo de los misiles, hijos de los cohetes, el estudio que realizo sobre la creación de la bolsa de valores, donde se especula con la economía de todos los pueblos del mundo. Pero no soy pro nazi, aunque debo decir que en su momento Hitler tuvo simpatizantes en México, Argentina y Ecuador, en México su admirador fue el padre del PNR y el mismísimo oaxaqueño José Vasconcelos a quien se le impidió llegar a la presidencia por este pecado. Y aunque lo dude le platicare que un oaxaqueño, con raíces porfiristas, ya que fue su sobrino me impresiono por su lucha para sobrevivir con una salud extraordinaria. Su nombre Don Eulogio. Nació en esta ciudad por el rumbo de la agencia de Montoya, nace en una cuna aceptable en 1906, solo que en 1911 fue testigo de los actos revolucionarios, donde cada semana los “revolucionarios” llegaban a la casa de sus padres por dos cabezas de ganado “para la causa” en ese mismo año 1911, se deja sentir en valles centrales una atroz sequía. Me platicó que para mitigar la sed, seguían a los bueyes y yeguas tomando agua de los charcos donde quitaban la nata del agua y a disfrutarla, a la hora de comer y ante la escases de alimentos, muchas familias molían el maíz con el olote para que abundara la masa y a la hora de consumir las tortillas y el atole de esta mezcla les desgarraba la garganta. En el año 1912 llega a valles centrales la plaga conocida como “tifo”. Plaga que diezmo la ciudad de Oaxaca y pueblos aledaños. Nuestro personaje a los seis años pasa de una familia de economía mediana al desamparo de la orfandad, de los siete años a los doce ofrece sus servicios de pastor, de los 13 a los 16 cuidador de bueyes y vacas, conocido como vaquero, a los 17 años se contrata como cortador de caña en Alvarado Veracruz, posteriormente de regreso a Oaxaca, trabaja para lo que queda de la hacienda de Montoya, donde los patrones pagaban 50 centavos por jornal diario y para que se “alivianaran” les daban una parcela de media hectárea para trabajar a medias y dividir del producto al 50%. Lo interesante de este personaje que me dejo gran huella, fue que a pesar de no haber tenido la oportunidad de asistir a la escuela fue un excelente orador y le gustaba narrar los pasajes de Las Mil y Una Noches. Don Eulogio era una persona que para visitar a sus hijos atravesaba la ciudad del centro de Oaxaca a la agencia Dolores y del centro a la Agencia de Pueblo Nuevo, siempre a pie. A los 92 años realizaba ejercicio como sentadillas manejando sus máximas “cuando se tiene hambre, no hay tortilla dura” y “los políticos viven de la credulidad del pueblo”.

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Si tiene la oportunidad de platicar con un venerable, hágalo, es una experiencia única e irrepetible.

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