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En Opinión: “Conflicto de intereses” por Wilfrido Hernández Martínez

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No hay duda, México y particularmente Oaxaca viven momentos de su centenaria existencia en una de las pruebas que la naturaleza humana obliga a vivir en su tránsito milenario. Hoy se acepta o se niega según sea el caso, las fallas de una sociedad que fue degradada por un sistema de gobierno agotado, corrupto y prostituido que por espacio de 44 años, ha permitido que infrahumanos nacidos del oscurantismo, se haya posesionado en los espacios de gobierno.

Para nadie es secreto que la mal llamada política esté atestada en un buen porcentaje de descendientes mediocres, que entre sus fines destaca que, todo lo ven con signos de pesos, sin importar el orden y menos el futuro. El caso reciente, es el protagonizado por el Secretario de Turismo José Zorrilla, quien en un capricho de su titiritero, de la noche a la mañana le surgió la “genial” idea, de tratar de invertir más de 500 millones de pesos propiedad del Pueblo de México y Oaxaca, vía federación, para que se construya un Centro de Convenciones en una Reserva Federal a un lado de “su” hotel.

Lo que no logró percibir el sesudo secretario, es que en un estado de derecho, aunque deficiente y marrullero como el de Oaxaca, hay formas que deben apegarse al fondo. El interesado Secretario de Turismo ignoró o trato de ignorar que existen cuatro decretos para evitar destruir el entorno natural que rodea la ciudad capital de nuestro estado y donde se ubica su hotel. El primer decreto data del último año de gobierno del General Lázaro Cárdenas del año 1942. El segundo del año 1986, cuando en el Plan Oaxaca se precisa ese impedimento, tomando en consideración el abuso logrado por Martín Ruiz Camino primer propietario del Hotel Victoria. El Tercer decreto se da cuando Heladio Ramírez López, vio las afectaciones con la instalación del monumental Estadio Guelaguetza y el Cuarto Decreto en el 2004 cuando José Murat, aparte del decreto, da la orden de cercar esa área con una malla de alambre.

No hay duda, el capricho a esa monstruosidad, como atinadamente definió del pintor juchiteco Francisco Toledo, pone en singular predicamento a dos instituciones, relajadas, pero al fin instituciones, como se puede definir el Poder Judicial y el Poder Legislativo, mismos que deberán emitir su punto de vista legal. La primera, del TSJ del Estado, en cuanto a su interpretación jurídica, y el Congreso, sobre la validez de los tres decretos estatales. No menciono al Poder Ejecutivo, porque este (el ejecutivo) solo podrá hacer lo que la Ley dice, y un decreto tiene ese carácter.

Pues bien, expuesto parte de los impedimentos para destruir el entorno natural de la ciudad de Oaxaca, surge el CONFLICTO DE INTERESES, donde el señor José Zorrilla prominente funcionario público olvidó que, podrá ser el dueño del hotel que se vería beneficiado con la ubicación del Centro de Convenciones y que en su puesto de STyDE, está impedido para mezclar sus intereses muy particulares con la función que dice desempeñar.

Por lo anterior transcribimos al peninsular, lo que en lengua castellana se define como “Conflicto de Intereses”.

“Servir como Director, Funcionario, Consultor o cualquiera otra posición importante de alguna empresa que tenga o busque tener relación personal o particular de negocios con la misma institución o empresa.

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