En Opinión: “Muertos de hambre y políticos entreguistas” por Sócrates Campos Lemus

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¡QUE CONSTE,… SON REFLEXIONES!
POR SÓCRATES A. CAMPOS LEMUS.
HAY LOS MUROS DE ROCAS Y LADRILLOS QUE CONSTRUYEN LOS GRINGOS Y LOS MUROS DE HAMBRE QUE CONSTRUIMOS LOS MEXICANOS. ¿NADIE SE HA PREGUNTADO POR LAS RAZONES QUE MILLONES DE MEXICANOS HAN SALIDO DE SUS COMUNIDADES EXPULSADOS POR EL HAMBRE Y LA DESOCUPACIÓN? SIN DUDA, NO ES SU CULPA, ES LA CULPA DE LOS POLÍTICOS, COMERCIANTES, EMPRESARIOS, FINANCIEROS, POLICÍAS, FUNCIONARIOS… Y NO ES CULPA DE LOS GRINGOS, ELLOS, SOLAMENTE NECESITARON DE ESCLAVOS Y SIRVIENTES, LOS ENCONTRARON ENTRE LOS POLÍTICOS ENTREGUISTAS Y ENTRE LOS MUERTOS DE HAMBRE QUE LLEGARON A SU PAÍS… HOY, PAGAREMOS EL PRECIO DE TODO ESTO…
         De sangre, dolor, ausencias, miedos, llantos, gritos, sufrimientos, lejanías, soledades, explotación, represión, discriminación están llenos los caminos de la intolerancia y del refugio a los que nada tuvieron y solo siguieron el famoso “sueño americano” pensando en que con su sudor y sus tiempos, sus labores y honestidades, con su entrega y ahorros lograrían, al final de cuentas, tener un mejor nivel de vida y un estómago lleno y una casa de material como techo a las estrellas. A lo largo de mi vida he sido testigo de muchas tragedias, desde las violentas provocadas por traiciones y traidores hasta las que cubren las ausencias y las soledades. Recuerdo que hace tiempo estando en San Juan Capistrano, Zacatecas, al inicio de la zona huichola, Cora y tepehuana, trabajando y viviendo entre aquellos hombres y mujeres fuertes que escribieron muchas historias de la cristiada y de la marginación y el hambre, una mujer de allá llegó a consultar a mi compañera y está le dijo: “Pues no hay duda, si se te perdió la regla, es que estás embarazada”.
La mujer se quedó aterrada, no era que tuviera otra boca para alimentar en el reparto de hambres y miserias, no, eso no la confundía ni espantaba… de pronto dijo: “pues qué problema”. Se le contestó, pues ya no es mucho problema, en días, llegará el médico y hay una clínica para atenderte en vez de las viejas manos de las comadronas y ella seguía pensando y buscando cómo explicar la tragedia y dijo: “Pues qué tragedia y es que mi viejo tiene más de dos años que se fue al Norte y no ha venido para nada…” Ni las cuentas daban ni las explicaciones calmaban la tragedia que venía en camino… y ni modo, ahí, es así. Los lomos de las bestias no cargan los amores ni desamores, ni la crueldad del dolor ni la tragedia, ni la desesperanza, ni las ausencias, solamente llevan cargas de maíz o de aguardiente, de “tepemete” al que le agregan alacranes para darle sabor o para hacerlo mágico con el peyote, sirve para todo, para olvidar y para ver, para imaginar o conocer, para entender los colores y los sabores y la música. Todo en la sierra es como nostálgico, como que se sopla para que se vaya y se olvide pronto. Así, con el peyote, se pierde el dolor de cada paso y sin ánimo se va avanzando a donde sea, no hay ni prisa ni razones para ir o venir, solamente levantar la milpa, ver la ordeña para hacer el queso del rancho de aguas, buscar el mágico peyote en el desierto caminando con un paso de venado y vista de águila en la palma de las manos.
         El aguardiente o el mezcal, sirven para los dolores, para curar heridas, corazones rotos, encontrar la música escondida entre las tristezas y los llantos, limpiar por fuera y por dentro, como que sabe a lo fuerte y cada trago nos hace sentir vivos y no andar como zombis, muertos. El peyote, no solamente es la vista mágica del tiempo y del color y de la mirada desde fuera para dentro o de dentro para fuera, como volando entre las montañas que todo lo esconden a la vista. Los sudores dejan el olor agrio y pastoso el salivar y el hablar. El color lo dice todo en los bordados y en las tablas de colores donde la chaquira va dejando el paso del tiempo que ellos saben les sobra, porque no hay más que hacer que dejar pasar. La paciencia es parte del peyote y es porque se busca el color y el sonido de cada grito o de cada vuelo o de cada arrastrar en el suelo. La humedad es así, fría y sin sentido.
En alguna vez, llegando a un pueblo entre ese frio terrible y la soledad del camino me topo con un grupo de huicholes que con una pequeña fogata daban vueltas a unas mazorcas de maíz. El frío calaba. Uno de los que me acompañaba le dijo a uno de los huicholes que solamente se tapaba con un poco de tela los hombros, y las piernas sin telas y las camisas bordadas pero viejas y delgadas: “Amigo ¿No tienes frío en las piernas y brazos?”. Él contestó como mirando el fuego y buscando entender la respuesta y le dijo:¡ Y tú, tienes frio en la cara?” mi amigo le dijo:” No, no tanto”. Y la respuesta fue clara: “¡Pues yo soy como todo cara!” y después de ver su expresión, el golpe de botella a un trago con el aguardiente o el mezcal donde un alacrán flotaba… veneno contra veneno dicen por allá, cuando no hay más que explicar la muerte…en sus reuniones, ellos, no hablan, no están chachalaqueando, escuchan los sonidos del silencio y de la montaña, saben callar, solamente están atentos a lo que ven en la lejanía y en la montaña, como que ven y no ven, por eso es como estar y no estar juntos, cada quién conoce su soledad y sus penas.
No las comparten, son de cada uno, de ellos. Ni las canciones llevan mensajes de amor o de desgracias, solo música monotonal, repetitiva, como los días se repiten en cada amanecer, días soleados o días lluviosos o con las formas fantasmales que deja la neblina y hace que ellos vean lo que uno no ve y crean lo que uno no cree. Así matan o pasan el tiempo, yo digo que lo matan, no lo dejan pasar, porque como que entierran cada palabra en el suelo y la dejan ir al cielo en los tiempos de cosecha, cuando todo es abundancia y se inician LOS MITOTES y se rinde culto a la madre tierra. Sueltan las historias para que la tierra no sufra, ella es la que da vida a las gentes y no tiene por qué tener lazos de penas…los colores, esconden las tragedias y las tristezas… y de nuevo, a mascar peyote, salivando cada trago, para que el color y la magia lleguen, con un trago de tepemete con alacrán…en cada suspiro.

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