
Oaxaca de Juárez, Oax.— En la política mexicana, el conflicto suele ocupar los encabezados. Las tensiones, los bloqueos y la confrontación generan más atención que la normalidad institucional. Sin embargo, en Oaxaca ocurre algo poco común: el estado atraviesa un momento de estabilidad social que, aunque no haga ruido, resulta clave para que las cosas funcionen.
Este clima de paz no surgió por inercia. En una entidad con una historia marcada por la movilización social y la pluralidad de intereses, mantener el equilibrio requiere operación política permanente. En ese contexto, la Secretaría de Gobierno, encabezada por Jesús Romero López, ha optado por una estrategia basada en el diálogo y la atención temprana de los conflictos, evitando que las diferencias escalen a escenarios de confrontación.
Gracias a estas condiciones, Oaxaca se encuentra desarrollando un ejercicio democrático inédito: la revocación de mandato del gobernador Salomón Jara Cruz, quien decidió someterse al escrutinio ciudadano a la mitad de su administración. Más allá del resultado, el dato relevante es que el proceso se lleva a cabo sin crisis mayores, sin parálisis institucional y sin un ambiente de tensión generalizada.
Que una consulta de esta naturaleza avance en calma habla de algo más que de voluntad política. Refleja un entramado institucional que, con aciertos y límites, ha sabido contener presiones sociales y canalizar inconformidades por la vía política. La Secretaría de Gobierno ha mantenido comunicación con comunidades, organizaciones y actores políticos, priorizando acuerdos antes que imposiciones.
Esto no significa que Oaxaca esté libre de problemas o inconformidades. Sería irreal afirmarlo. Lo que sí es evidente es que existe una capacidad para administrar los conflictos y reducir su impacto en la vida cotidiana. Esa gobernabilidad silenciosa es la que permite que las calles sigan transitables, que las comunidades mantengan sus dinámicas y que el estado no se vea atrapado en una espiral de confrontación.
La revocación de mandato, además de evaluar a un gobernador, pone a prueba la solidez de las instituciones. Oaxaca enfrenta este reto en condiciones de estabilidad, lo que abre una discusión necesaria: en un país acostumbrado al ruido político, la paz social también es un indicador que merece ser observado y analizado.
Hoy, mientras el foco nacional se posa sobre este ejercicio democrático, Oaxaca ofrece un ejemplo poco habitual: un proceso complejo que avanza sin estridencias, sostenido más por la negociación política que por el conflicto. Y eso, en el contexto actual, no es un dato menor.





