Padre sigue buscando a su hijo desaparecido en Oaxaca

Oaxaca. Oaxaca.- Después de cuatro años desde la noche en que Jesús Alejandro González Gómez desapareció en Oaxaca de Juárez, y para su padre, Agustín González Montaño, el tiempo no ha sanado la herida: la ha hecho más profunda.

Jesús Alejandro tenía apenas unas horas de haber salido de casa cuando se perdió todo rastro de él. Eran alrededor de las 10:30 de la noche del 24 de enero de 2022, en la colonia Licenciado Adolfo López Mateos. Desde entonces, su ausencia se volvió cotidiana, y la espera, interminable.

Agustín no busca culpables en discursos ni consuelo en palabras oficiales. Busca a su hijo. Y exige que las autoridades hagan lo mismo, pero con hechos. “Nos dicen que investigan, pero todo se queda en lo mismo”, lamenta. A lo largo de estos años, el expediente ha pasado de mano en mano, con constantes cambios de agentes del Ministerio Público y periodos sin investigador asignado, lo que ha dejado el caso prácticamente detenido.

El padre de Jesús Alejandro pidió la intervención directa de la Fiscalía Especializada, con la esperanza de que la búsqueda deje de ser un trámite y se convierta en una prioridad real. Sabe que el camino es cuesta arriba, pero no está dispuesto a rendirse.

Reconoce que, recientemente, la Comisión Estatal de Búsqueda ha realizado trabajos en campo que han permitido localizar a otras personas desaparecidas. Aunque esos hallazgos no le han devuelto a su hijo, sí le han recordado que cada búsqueda importa. “No es lo que uno quisiera encontrar, pero al menos se le da paz a otra familia”, dice, con la voz quebrada.

Jesús Alejandro trabajaba como mototaxista. Su padre lo vio por última vez una hora antes de que desapareciera, cuando descendió en la calle donde vivían. Desde entonces, no ha habido llamadas, mensajes ni una sola pista que indique dónde está.

A pesar de todo, Agustín se aferra a la esperanza. “Mientras no vea el cuerpo de mi hijo, para mí sigue vivo”, afirma. Y añade con firmeza: “Vivo o muerto, lo voy a encontrar”.

Si ese día llega, dice, no habrá reproches ni preguntas. Solo un abrazo.

El caso de Jesús Alejandro es el reflejo de una herida abierta en Oaxaca, donde decenas de familias siguen esperando verdad, justicia y búsquedas reales, no silencios prolongados ni promesas que se diluyen con el tiempo.