
Por el Dr. Taurino Amílcar Sosa Velasco – Odontólogo y Maestro de la Facultad de Odontología
Como autor senior del artículo The Validity Gap and Premature Autonomy: Reframing Pediatric Oral Health in Latin America, recientemente publicado por académicos de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, considero indispensable trasladar esta discusión al espacio público. La caries de la primera infancia no es un problema exclusivamente odontológico. Es una señal de alerta sobre la manera en que estamos entendiendo y ejecutando la prevención en América Latina.
Durante décadas hemos operado bajo una división artificial del cuerpo humano. La boca se atiende en un consultorio distinto, bajo una lógica distinta y con políticas distintas al resto del organismo. Esta fragmentación contradice la biología. La cavidad oral es una interfaz inmunológica, metabólica y microbiana profundamente conectada con la salud sistémica. Ignorarla en la consulta pediátrica es omitir un biomarcador temprano de riesgo.
La caries infantil continúa siendo la enfermedad crónica más frecuente en la niñez. Lo paradójico es que la mayoría de los padres sabe que el cepillado es importante. Sin embargo, las cifras no disminuyen. El problema no es falta de información. Es una falla en la ejecución.
En nuestro trabajo describimos lo que denominamos la brecha de validez. Los cuidadores reportan cepillado frecuente, uso de pasta fluorada y supervisión. Pero cuando se analiza de forma objetiva la técnica, la cantidad de dentífrico o la calidad de la remoción de biofilm, la eficacia real es limitada. No se trata de negligencia deliberada. Se trata de una ilusión de competencia. Saber que algo es importante no equivale a saber hacerlo correctamente.
A esto se suma un fenómeno aún más crítico: la autonomía prematura. Hemos delegado el cepillado a niños que, desde el punto de vista del neurodesarrollo, no poseen la destreza motora fina necesaria para una limpieza eficaz. Un niño que no puede abotonarse con precisión o escribir con coordinación difícilmente puede remover biofilm en márgenes gingivales. Sin embargo, por prisa, sobrecarga laboral o desconocimiento, la responsabilidad se transfiere demasiado pronto.
Las consecuencias van más allá de la cavidad oral. La caries comparte factores de riesgo con obesidad, diabetes tipo 2 y otras enfermedades no transmisibles que hoy saturan nuestros sistemas de salud. El consumo frecuente de azúcares y la ausencia de higiene nocturna eficaz constituyen un entorno metabólico desfavorable. La boca se convierte así en un espejo temprano de desregulación sistémica.
El modelo tradicional de educación preventiva ha demostrado sus límites. Entregar folletos o repetir recomendaciones breves no modifica conductas complejas. La evidencia indica que necesitamos transitar de la asesoría pasiva al acompañamiento activo. Verificar, demostrar, corregir técnica en tiempo real y establecer reglas claras de supervisión hasta que el niño alcance madurez motora suficiente.
Si aspiramos a fortalecer la puericultura en su sentido más amplio, debemos reincorporar la salud bucal como componente central de la vigilancia pediátrica. La prevención efectiva no consiste en transmitir información, sino en garantizar competencia conductual.
Cuando un niño pequeño presenta caries, no observamos únicamente una lesión dental. Observamos la evidencia de una brecha entre intención y ejecución. Y esa brecha es responsabilidad compartida entre familias, profesionales y sistema de salud.
La boca no miente. Nos está mostrando, con claridad clínica, que la prevención fragmentada ya no es suficiente.
Dr. Taurino Amílcar Sosa Velasco
Referencia
Sarmiento Porras JA, Caballero Sánchez H, Hernández Antonio A, Zárate Ortiz C, Martínez Hernández LA, Rosas Hernández M, Ramírez Cortez P, Sosa Velasco TA. The Validity Gap and Premature Autonomy: Reframing Pediatric Oral Health in Latin America. RevCientífica Multidisciplinaria. 2026;10(1):589–605. doi:10.37811/cl_rcm.v10i1.22147.









