La historia política de Flavio Sosa parece repetirse. Quien durante años fue señalado por antiguos aliados de haber negociado y fracturado el movimiento de la APPO, hoy enfrenta nuevas críticas por la presunta construcción de una red de poder al interior del Colegio de Bachilleres de Oaxaca (COBAO), en medio de una campaña de golpeteo contra la actual directora general, Delfina Guzmán y Giovanni Rojas director académico.

El embate no parece menor cuando, según versiones que circulan dentro de la institución, el verdadero objetivo sería colocar a su cercana colaboradora, Dulce Hemilse Hernández Matías, actual directora de Planeación, al frente de una de las estructuras educativas más importantes del estado. Su llegada al cargo habría contado con la influencia política del actual secretario de las Culturas.

En los pasillos del COBAO, la versión que cobra fuerza es que detrás de la disputa administrativa existe una lucha política de mayor calado: el control de la institución.
Filtraciones, cuestionamientos internos, notas pagadas y conflictos administrativos son señalados, incluso por integrantes de su propio entorno, como parte de una estrategia de presión destinada a debilitar al grupo político identificado con Delfina Guzmán. Sin embargo, la ofensiva no estaría dirigida únicamente contra la directora general. Diversas versiones internas apuntan a que el golpeteo también alcanza a Giovanni Rojas Pacheco, director académico del COBAO y uno de los funcionarios cercanos al actual equipo directivo.
Lo más preocupante es que, según versiones surgidas de sus propios aliados, desde el entorno de Flavio Sosa se impulsa una campaña de desgaste contra funcionarios vinculados al equipo de la secretaria de Educación, con el objetivo de reducir su influencia y ampliar espacios de control político. En esa lógica, tanto Delfina Guzmán como Giovanni Rojas Pacheco se habrían convertido en objetivos de una estrategia orientada a debilitar al grupo que actualmente mantiene el control de la institución.

Para conseguirlo, sostienen, el exdirigente social ha concentrado esfuerzos en la construcción de cuotas de poder dentro del gobierno estatal, bajo una lógica de «caiga quien caiga».
Fiel a su vieja escuela, el luchador social convertido en aristócrata revive episodios que han marcado su trayectoria política. Basta recordar que, tras el conflicto de la APPO, el exgobernador Ulises Ruiz lo acusó públicamente de haber «vendido» al movimiento, traicionado alianzas políticas y beneficiado de acuerdos de poder. En aquel entonces, Ruiz afirmó que Sosa había convertido la traición en una forma de hacer política.

Hoy, sus detractores aseguran que esa misma lógica se estaría replicando en el COBAO: operadores, campañas de desgaste, notas pagadas para difamar y una disputa interna cuyo objetivo sería colocar a personas afines en posiciones clave y sacar por la puerta de atrás a quienes consideran obstáculos para sus aspiraciones políticas: Delfina Guzmán y Giovanni Rojas Pacheco.
Lo cierto es que Flavio Sosa ha sido acusado reiteradamente por sus adversarios de privilegiar la operación política por encima de la construcción institucional. Su figura ha estado rodeada durante años de señalamientos, confrontaciones y rupturas con antiguos aliados y rivales políticos.
Porque en Oaxaca el fuego amigo suele ser más devastador que cualquier ataque de la oposición. Y quienes conocen la historia política de Flavio Sosa saben que las disputas por el poder rara vez le han sido ajenas. Para qué quieren enemigos sin con Flavio basta.









