
Oaxaca de Juárez, Oaxaca.– La operación funcionó. Claudia Sheinbaum llegó al Auditorio Guelaguetza, encabezó su evento, pronunció su mensaje, saludó a los asistentes y abandonó el Cerro del Fortín sin mayores contratiempos.
Afuera, sin embargo, la historia fue distinta.
Desde horas antes, la Sección 22 del SNTE se concentró en las inmediaciones de Fonapas, prácticamente en el extremo contrario a la ruta por la que se esperaba el arribo de la presidenta.
La ruta era conocida: procedente de la Ciudad de México, el convoy presidencial ingresaría a Oaxaca por el entronque de la supercarretera, continuaría por la carretera 190 hasta el Monumento a la Madre y desde ahí subiría hacia el Cerro del Fortín.
Mientras tanto, el magisterio permanecía del otro lado.
En el lugar, integrantes de la prensa intentaron entrevistar a la dirigente sindical Jeny, pero sus acompañantes bloquearon el acercamiento y, entre empujones, evitaron que los medios pudieran abordarla.
La Sección 22 permaneció durante un periodo prácticamente inerte, como si esperara una señal para movilizarse.
La instrucción finalmente llegó.
Con llamadas telefónicas y algunas indicaciones, comenzó la marcha rumbo al Cerro del Fortín. La intención anunciada era acercarse al punto donde se desarrollaría el acto presidencial.
Ahí comenzó una escena que generó más preguntas que respuestas.

No se trataba de la visita de cualquier funcionario. Era la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y comandante suprema de las Fuerzas Armadas. Pese a ello, el primer filtro de seguridad fue rebasado por el contingente magisterial sin una resistencia que impidiera su avance.
Después vino un segundo punto de contención. Nuevamente hubo empujones, gritos y confrontaciones, pero el reducido grupo de manifestantes consiguió avanzar frente a un dispositivo de seguridad que, al menos en ese momento, no logró contenerlos.
También quedaron en evidencia las limitaciones del operativo estatal frente a la movilización de la Sección 22 y a los cientos de simpatizantes de Morena que se encontraban en la zona.
Pero mientras afuera se desarrollaba la confrontación, Claudia Sheinbaum ya había llegado.
La presidenta ingresó por una ruta distinta y sin mayores complicaciones. Descendió de la camioneta y fue conducida hacia la Rotonda de las Azucenas, donde encabezaría el encuentro con los oaxaqueños que acudieron al acto.
La Sección 22 volvió a acercarse posteriormente y el tercer filtro terminó elevando la tensión.
Piedras fueron lanzadas, hubo enfrentamientos y por algunos momentos los manifestantes tomaron la carretera frente al Auditorio Guelaguetza.
Pero hay un detalle que no pasó inadvertido: el contingente no avanzó hacia los accesos del recinto.
Se quedó afuera.
Incluso, mientras la protesta se desarrollaba en la carretera, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, pasó frente a los manifestantes e ingresó al Auditorio sin mayores dificultades.
Adentro, el evento ya comenzaba.
Se presentaron a los integrantes del presídium y poco después se escuchó el mensaje de Claudia Sheinbaum.
Afuera, la Sección 22 inició su propio mitin.

Consignas, reclamos y denuncias ocuparon el espacio público. Los dirigentes reprocharon a la presidenta la falta de atención a sus demandas y exigieron una respuesta a sus planteamientos.
Pero la pregunta quedó en el aire: si el objetivo era ser escuchados directamente por Claudia Sheinbaum, ¿por qué detenerse cuando la presidenta ya se encontraba dentro del Auditorio?
El momento estaba ahí.
La mandataria ya había llegado. No existía posibilidad de que abandonara el recinto mientras se desarrollaba el acto.
Sin embargo, cuando Claudia Sheinbaum todavía se encontraba pronunciando su mensaje, la Sección 22 decidió concluir su movilización y comenzó a retirarse del lugar de manera gradual.
Una especie de operación hormiga.
Mientras la presidenta hablaba dentro del Auditorio, los manifestantes comenzaron a dispersarse.
El acto concluyó con el Himno Nacional. Sheinbaum se despidió de los asistentes y salió nuevamente del recinto.
Y aquí apareció la imagen que terminó por resumir la jornada.
La presidenta abandonó el Cerro del Fortín sin mayores problemas, a bordo de su camioneta, incluso con la ventana abajo y saludando a las personas que encontró a su paso.
Ni bloqueo, ni persecución, ni un intento del magisterio por interceptarla.
La Sección 22 había llegado hasta las inmediaciones del Auditorio, había enfrentado los filtros de seguridad y había protagonizado una jornada de protesta, pero cuando llegó el momento en que la presidenta estaba a unos metros de distancia, simplemente no ocurrió el encuentro que durante horas parecía ser el objetivo.
El operativo presidencial, al menos en su principal cometido, cumplió: Claudia Sheinbaum llegó, estuvo en el Auditorio Guelaguetza y salió de Oaxaca sin mayores contratiempos.
Si el objetivo era ser escuchados, la oportunidad estuvo ahí.
La presidenta estaba en el Auditorio Guelaguetza, a unos metros de distancia. Sin embargo, la protesta terminó convirtiéndose más en una demostración de presencia que en un intento real por llevar sus demandas hasta la mandataria.
La Sección 22 hizo ruido, confrontó, lanzó consignas y mostró músculo en las calles.
Pero al final, la presidenta llegó, realizó su evento y se fue sin mayor problema.
El show funcionó para todos: Sheinbaum salió con la imagen de una visita sin contratiempos y la Sección 22 pudo decir que volvió a plantarse frente al poder.
La diferencia es que una se fue del Cerro del Fortín con el objetivo cumplido y la otra, con las mismas demandas pendientes.









