Jeffrey Epstein, el magnate acusado de pederastia que tumbó al secretario de Trabajo de Estados Unidos

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La detención y procesamiento por abusos sexuales a menores del millonario estadounidense ha provocado la dimisión del secretario de Trabajo, Alex Acosta, por sus vínculos profesionales.

Fue la prensa. La prensa encarnada en una mujer: Julie K. Brown, periodista del 'Miami Herald'. Durante dos años, Brown ha ido reconstruyendo, prácticamente en solitario, el historial de abusos sexuales a menores -algunas de ellas, de 14 años- cometido por uno de los miembros más relevantes de la élite financiera y social estadounidense: Jeffrey Epstein.

No fue fácil. La lista de amigos de Epstein es abrumadora. No es solo que él fuera uno de los mayores donantes de la campaña de Hillary Clinton en 2008. Su agenda cruza el espectro político. En 1992, según narraba esta semana el empresario de Florida John Houraney, Epstein organizó en el club de campo Mar-a-Lago, en Florida, una fiesta "de chicas de calendario". Asistieron 28 mujeres y dos hombres: el propio Epstein y el dueño del club, Donald Trump, que entonces era un empresario del juego y del sector inmobiliario. Eran los tiempos en los que Trump se refería a Epstein como "un tío increíble. Se dice que le gustan las chicas guapas tanto como a mí, sobre todo tirando a jóvenes". Sea como sea, Trump y Epstein fueron amigos, hasta que se distanciaron hace cosa de una década. Pero es que Epstein era amigo de la élite de Wall Street, Washington, y Hollywood al completo.

Ahora, el arresto y procesamiento de Epstein ha pasado de las páginas de Sociedad a las de Política. El secretario de Trabajo de Estados Unidos, Alex Acosta, ha dimitido por sus vínculos profesionales con Epstein. No es que Acosta haya estado envuelto en los presuntos crímenes de los que se acusa al financiero, cuya carrera profesional incluye haber sido ser socio del gigante de Wall Street Bear Stearns -una de las primeras víctimas de la crisis de 2008- y, más recientemente, gestor de un secretista fondo de inversión que tiene entre sus clientes a, por ejemplo, Leslie Wexner, el dueño de la marca de lencería Victoria's Secret, y a quien la agencia de noticias Bloomberg le atribuía a día de ayer un patrimonio de 6.550 millones de dólares (5.800 millones de euros).

El problema de Acosta es que, en 2007, cuando él era fiscal en Miami, cerró con Epstein un acuerdo judicial con en virtud del cual se cerraban las investigaciones en curso contra el financiero por delitos sexuales, se renunciaba a nuevas investigaciones, y se silenciaba a las víctimas. A cambio, Epstein aceptó una condena de 18 meses de cárcel por solicitar los servicios prostitutas. Aunque no fue una condena normal. Epstein no iba a estar en un módulo con los demás internos, sino en una sección especial de la prisión de Palm Beach solo para él, de la que fue puesto en libertad cinco meses antes de concluir la condena, pese a que la legislación de ese condado prohíbe explícitamente recortar las penas de los culpables de delitos sexuales.

PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN

Con la Justicia en hibernación, fue Brown con sus artículos quien forzó a reabrir la causa. Así lo dijo el juez que entiende del caso, Richard Berman, el lunes, cuando declaró en rueda de prensa que la investigación "había sido ayudada por un excelente trabajo de periodismo de investigación".

Fue un trabajo por el que Brown ha pagado un precio considerable. En abril, el profesor de Derecho de Harvard Alan Dershowitz -ex simpatizante demócrata transformado en defensor de Donald Trump- escribió al Comité Pulitzer para que no diera ese premio a Brown, ya que sería "galardonar las noticias falsas [fake news]". Dershowitz no es la única luminaria del Derecho que está del lado de Epstein. Kenneth Starr, el archifamoso fiscal especial que estuvo a punto de provocar el cese de Bill Clinton por las relaciones que éste tuvo con Monica Lewinski, forma parte del equipo legal del financiero.

Pero ¿quién no es amigo de Epstein? La oficina de Bill Clinton ha reconocido que el ex presidente voló con Epstein en el avión privado de éste -con el interior forrado de piel de armiño- cuatro veces: dos a África, una a Europa, y otra a Asía. En realidad, y tras examinar los documentos de las autoridades de aviación civil, la cadena de televisión Fox News ha detectado 28 vuelos. En al menos uno de ellos, Epstein y Clinton fueron acompañados del actor Kevin Spacey, que está siendo juzgado estos días por presuntos delitos sexuales.

La lista de celebridades -hombres y mujeres- amigas de Epstein da para llenar este periódico. Ahí están la Duquesa de York y ex esposa del príncipe Andrés de Inglaterra, Sarah Ferguson; las estrellas de Hollywood Dustin Hoffman, Alec Baldwin, Ralph Fiennes, y Woody Allen; las figuras del pop y rock Phill Collins y Courtney Love; los periodistas George Stephanopoulos (que fue jefe de gabinete de Bill Clinton), Charlie Rose (caído en desgracia en 2017 por su propio caso de abusos sexuales) y Karie Couric. Y el más famoso y controvertido de todos: el príncipe Andrés de Inglaterra, que en 2015 cayó en desgracia cuando se hizo público que Epstein le había "suministrado" chicas, entre ellas, una menor, Vivian Andrews.

Ninguno y ninguna de ellos vio nada raro en Epstein. Acaso les pasó como a Donald Trump, que, según su propio testimonio, se sorprendió de que la piscina de la casa del financiero en Palm Beach estuviera llena de chicas jóvenes. "¡Qué majo es, les deja usar la piscina a los chavales de la zona!", cuenta Trump que pensó de Epstein. Nunca le llamó la atención que el hecho de que todos los "chavales" fueran "chavalas".

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